Extraño ver la lluvia desde arriba,
desde su prólogo,
desde el inicio de su llanto.
Extraño huir de la rutina,
el salto incómodo al vacío
dándolo todo —o tal vez no tanto—.
Cómo se te va perdiendo la voz,
cómo le bajamos el volumen al canto.
Olía a ausencia,
a mentira con sabor amargo,
a horas regaladas frente a un espejo, cómico.
Soledad envuelta en una manta
que parece libertad, pero es resignación.
Miedo a empezar de cero,
recogiendo pedazos rotos en la habitación,
para encontrar solo tristeza
y un vacío en el corazón.
Extraño el sonido ausente de los motores
y la turbulencia que arrullaba el alma.
La oscuridad del pasillo
que llevaba al mismo sitio con calma.
Extraño el sol saludando hacia la ventana,
las madrugadas perdidas
que hacían más largas las semanas,
cómo se va agotando el tiempo entre las manos...
Cómo se te va perdiendo la voz,
cómo le bajamos el volumen al canto.
Tormentas que despiertan la noche,
diluvios que inundan la cama.
En la ausencia de fe
nadie domina el alma.
Y la sombra que deambula entre tanto espacio,
esperando ser absuelta por una caricia,
por un recuerdo,
mientras el tiempo te demuestra
que nunca fuiste un santo.
Cómo se te va perdiendo la voz,
cómo le bajamos el volumen al canto
domingo, 26 de julio de 2026
Perdiendo la Voz
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario